Los roscos fritos malagueños son el dulce de Semana Santa que en la provincia se come todo el año. No son roscos de anís, no son roscos de vino y no son donuts. Son una fritura dulce con manteca de cerdo, harina, huevo, ralladura de limón y anís, con forma de aro, fritos en aceite y espolvoreados con azúcar. La textura es blanda por dentro y con una ligera costra por fuera.
En Málaga, la temporada fuerte es Semana Santa: las pastelerías y los hogares los hacen en grandes cantidades desde el Miércoles de Ceniza. Pero en muchas casas de la serranía se hacen durante todo el invierno, especialmente en octubre y noviembre cuando baja la temperatura.
La diferencia con otros roscos andaluces
Andalucía tiene varios tipos de roscos que conviene no confundir. Los roscos de vino (también llamados roscos fritos en algunas zonas) llevan vino blanco en lugar de anís y son característicos de Almería y Granada. Los roscos de anís llevan anís en grano. Los que aquí se presentan —los malagueños— llevan manteca de cerdo como grasa principal, anís dulce o aguardiente, y se fríen (no se hornean).
Los roscos horneados (como los mantecados o polvorones) son otro mundo: textura completamente diferente, elaboración distinta. Los roscos fritos malagueños se parecen más a una fritura casera que a una galleta.
Ingredientes para unos 20-25 roscos
- 500 g de harina de trigo
- 100 g de manteca de cerdo (a temperatura ambiente)
- 2 huevos
- 100 g de azúcar
- 50 ml de aguardiente o anís dulce
- Ralladura de 1 limón
- 1 cucharadita de canela molida
- 1 sobre de levadura química (16 g)
- Aceite de oliva suave para freír
- Azúcar glas o azúcar normal para espolvorear
Tiempo de preparación: 30 minutos + 30 minutos de reposo
Tiempo de cocción: 20-25 minutos (en tandas)
Raciones: 20-25 roscos
Dificultad: Baja
La receta paso a paso
1. Mezclar los ingredientes
En un bol grande, mezcla la harina con la levadura y la canela. Haz un hueco en el centro y añade la manteca, los huevos, el azúcar, el aguardiente y la ralladura de limón. Mezcla primero con un tenedor y luego amasa a mano hasta que la masa quede homogénea y no se pegue a los dedos. Si queda muy seca, añade una cucharada de aguardiente o de agua. Si queda muy blanda, un poco más de harina.
2. Reposar la masa
Cubre la masa con un trapo limpio y déjala reposar 30 minutos a temperatura ambiente. No es obligatorio, pero la masa reposa mejor y los roscos quedan más uniformes.
3. Formar los roscos
Toma porciones de masa del tamaño de una nuez. Hazlas rodar entre las palmas hasta obtener un cilindro de unos 10-12 cm, luego úne los extremos para formar un aro. El grosor debe ser de aproximadamente 1,5 cm: más finos quedan secos por dentro, más gruesos no se hacen bien en el centro.
4. Freír
Calienta el aceite a 170°C (no más: si el aceite está muy caliente los roscos se doran por fuera y quedan crudos por dentro). Fríe en tandas de 4-5 roscos. Cuando floten y estén dorados por un lado, dales la vuelta. Cada rosco necesita unos 3-4 minutos en total. Sácalos sobre papel absorbente.
5. Espolvorear con azúcar
Espolvorea los roscos con azúcar glas mientras están todavía calientes. El azúcar se adhiere mejor en caliente. También se pueden pasar por azúcar normal mezclado con canela, que es la versión más rústica y la que hacen muchas abuelas malagueñas.
La manteca: el ingrediente que no se sustituye bien
La manteca de cerdo es lo que da a los roscos fritos malagueños su textura característica: blanda, con un interior suave y una corteza fina. Se puede sustituir por mantequilla (resultado más seco y más denso) o por aceite (resultado más blando pero diferente). La manteca de cerdo da una textura que ninguna grasa vegetal replica con exactitud. Si quieres el rosco malagueño auténtico, la manteca es el camino.
La manteca de cerdo ibérico, que en algunas carnicerías de Málaga se vende en tarro, da un resultado mejor que la manteca industrial. Tiene más sabor y una textura más suave.
Cuánto duran y cómo guardarlos
Los roscos fritos malagueños duran bien 3-4 días en una lata o recipiente hermético a temperatura ambiente. No los metas en la nevera: el frío los endurece. Se pueden congelar sin el azúcar y descongelar a temperatura ambiente; luego espolvorea el azúcar justo antes de servir.